“Edgar Allan Poe ha muerto. Murió anteayer en Baltimore. Esta noticia sorprenderá a muchos, y algunos se apenarán”.
Murió poco antes de cumplir los 40 años, pero ese lapso le sirvió para escribir una obra importantísima, fundamental, al punto de ser considerado en la actualidad como un clásico. Goza de la fama -merecida- de ser el creador del cuento corto moderno, la trama policial, además de brillar en el género de terror. Tuvo una vida tumultuosa y las adicciones, en parte, y una pésima situación financiera truncaron su trayectoria. Ejerció una enorme influencia en varias generaciones de escritores de la talla de Julio Cortázar, Charles Baudelaire, Franz Kafja, Thomas Mann, Julio Verne y Jorge Luis Borges.
Cortázar y Borges
En 1953, Julio Cortázar se fue de vacaciones a Italia con su primera esposa, Aurora Bernárdez, para traducir los cuentos y ensayos de Edgar Allan Poe, contratado por una suma de 3.000 dólares por la editorial de la Universidad de Puerto Rico; luego de casi un año volvió a París, donde residía, con casi dos mil páginas de traducción, prólogos y notas al pie. El romance del autor argentino con el escritor nacido en Boston, EE.UU., había comenzado mucho antes. Ya en su juventud, sin maestros, empezó a leer toda la literatura fantástica que tenía a su alcance: Horace Walpole, Joseph Sheridan Le Fanu, Charles Maturin, Mary Shelley, Ambrose Bierce, Gustav Meyrink y Edgar Allan Poe, entre otros.
Según confesó años más tarde, «Poe me hizo mucho bien y mucho mal al mismo tiempo. Lo leí a los nueve años y, por él, viví en el espanto, sujeto a terrores nocturnos hasta muy tarde en la adolescencia».
Finalmente, la obra estuvo lista en 1956, cuando apareció en dos tomos. En ese tiempo, Cortázar retomó la escritura y viajó a la Argentina, Uruguay y la India, y siguió traduciendo a otros escritores. En mayo de 1957, en una carta al escritor Jean Bernabé, le contó que «los libros me llegaron cuando ya ni me acordaba de todo el trabajo que me había dado esa traducción».
Tampoco Jorge Luis Borges ahorró elogios sobre Poe: en una evaluación global de su obra concluyó que de ella «nos queda la invención del género policial. Queda (la influencia en) Paul Valéry. Todo ello basta para la justificación de su gloria”. La fascinación de Borges por la narrativa policial fue básica para arraigar el género en Hispanoamérica.
Luego de visitar la tumba del bostoniano, el autor de «El Aleph» escribió un fantástico poema que culmina así:
Como del otro lado del espejo,
se entregó solitario, a su complejo
destino de inventor de pesadillas.
Quizá, del otro lado de la muerte,
siga erigiendo solitario y fuerte
espléndidas y atroces maravillas.
Vida atormentada
Edgar Poe nació 19 de enero de 1809 bajo ese nombre en Boston, Massachusetts, EE.UU., y sus padres murieron cuando era un niño. Fue protegido por un matrimonio sureño muy adinerado, Frances y John Allan, del que incorporó el apellido aunque nunca fue adoptado. Una hermana -Rosalie- y un hermano -William Henry- fueron a vivir con sus abuelos y con otra familia, respectivamente.
Sus relaciones con Allan nunca fueron óptimas y finalmente, cuando se enroló en el Ejército, se quebraron definitivamente y fue desheredado. De esa época -1827- es su primer libro de poesía, «Tamerlane and Other Poems» («Tamerlan y otros poemas»), firmado como «un bostoniano».
Poe empezó a jugar por su necesidad de conseguir dinero extra para mantenerse, en su breve paso por la Universidad. Es entonces que se relacionó con el alcohol. Jugaba, perdía casi invariablemente, y bebía pese a que los efectos de una pequeña cantidad eran devastadores por su débil constitución física.
De todos modos, el futuro escritor leía y traducía las lenguas clásicas sin esfuerzo lo que provocaba la admiración de profesores y compañeros. También se interesaba en historia, matemática, historia natural, astronomía, poesía y novela. Se quejaba de que Allan no le enviaba suficiente dinero para las clases, para comprar libros y para poder amueblar su dormitorio. Pese a que su protector accedió a sus pedidos, las deudas de Poe no hicieron más que crecer.
En mayo de 1827, incapaz de sobrevivir por sí mismo, se alistó en el ejército como soldado raso, bajo el nombre de Edgar A. Perry, pero en 1831, cansado de la disciplina militar, abandonó el intento y viajó a Nueva York. Rápidamente regresó a Baltimore donde estaban su tía con su hermano y una prima. Henry murió ese mismo año y a partir de ese momento se esforzó firmemente en labrarse una carrera como escritor, atravesando grandes dificultades.
De hecho, fue el primer estadounidense «famoso» (para la época) que trató y en parte lo logró, de vivir exclusivamente de la escritura. Lo que más lo perjudicó fue la inexistencia en su tiempo de una ley internacional de copyright. Los editores estadounidenses preferían «piratear» obras inglesas en lugar de pagar a sus conciudadanos por las suyas. La industria editorial estaba muy afectada por la grave crisis económica, que se concretaría en el llamado «Pánico de 1837».
La prosa
Tras sus primeros intentos poéticos, el escritor se orientó hacia la prosa. En 1832 consiguió publicar cinco relatos en el periódico «Saturday Courier» (Correo del Sábado), de Filadelfia. Entre ellos se incluyó su primer trabajo, de corte gótico, que anticipaba su talento: “Metzengerstein». En abril de 1833 envió una última carta a John Allan en la que le pedía desesperadamente ayuda pero no recibió respuesta; al año siguiente, Allan murió sin dejarle herencia.
En esa época el «Saturday Visiter» («Visitante del Sábado»), un periódico de Baltimore, otorgó al escritor un premio de 50 dólares por su cuento “Manuscrito encontrado en una botella”. Este cuento había llamado la atención de John P. Kennedy, un acaudalado caballero de Baltimore, que ayudó a Poe a publicar sus historias, presentándolo a Thomas W. White, editor del «Southern Literary Messenger» («Mensajero Literario del Sur»), de Richmond, periódico al que Poe estuvo muy vinculado. Llegó a ser redactor del mismo en agosto de 1835, pero perdió el puesto debido a su adicción al alcohol.
Readmitido por White con la promesa de mejorar su comportamiento, volvió a Richmond con Virginia Clemm, su prima, y su tía. Se mantuvo en el «Messenger» hasta enero de 1837. Durante este periodo la tirada del periódico pasó de 700 ejemplares a varios miles, debido a la fama adquirida por el escritor, ya de alcance nacional. Publicó poemas, reseñas de libros, críticas literarias y obras de ficción.
En 1836, Virginia Clemm, de 13 años, y Edgar Allan Poe, de 27, se casaron y tuvieron que mudarse con frecuencia para adaptarse a los cambios de empleo del escritor y periodista. Vivieron en Baltimore, Filadelfia y Nueva York. Pocos años después de su boda, Poe se vio envuelto en un grave escándalo que involucraba también a las poetisas Frances Sargent Osgood y Elizabeth F. Ellet. Los rumores acerca de las supuestas infidelidades de su esposo afectaron a Virginia hasta el punto de que, en su lecho de muerte, declararía que Ellet la había asesinado.
En Nueva York escribió su novela “La Narración de Arthur Gordon Pym”, aparecida en 1838. En el verano de 1839, logró convertirse en redactor jefe de la revista «Burton’s Gentleman’s Magazine» («Revista para Hombres Burton». En ella editó numerosos artículos, relatos y críticas literarias, lo que contribuyó a incrementar la reputación que ya gozaba en el «Southern Literary Messenger».
Ese mismo año la colección “Tales of the Grotesque and Arabesque” («Cuentos de lo grotesco y arabesco»), su sexto libro, se publicó en dos volúmenes. El libro contiene algunos de los grandes relatos de Poe, como «La caída de la Casa Usher», «Ligeia», «Manuscrito hallado en una botella«, y otros.
En enero de 1845, publicó un largo poema que lo haría célebre: «El cuervo» («The Raven»), admirado no solamente en su época sino desde entonces hasta la actualidad. “El cuervo” se editó en el «Evening Mirror» («El espejo de la tarde»), convirtiéndose inmediatamente en un gran éxito popular. A partir de su aparición, Poe por primera vez llevó una vida social normal, frecuentando los más importantes salones literarios de la ciudad, y se convirtió en una celebridad.
Estos trabajos le permitieron mejorar la situación de su esposa y de su suegra. En este período Poe desarrolló el germen de la novela policíaca a través de sus relatos “Los crímenes de la calle Morgue” y “El escarabajo de oro”. Gran parte de su obra más importante apareció en el período del «Graham’s». A lo largo de los años ’30 y ’40 también publicó cuentos magistrales como “La cita”, “Un cuento de las Montañas Escabrosas”, “La caja oblonga” y “El barril de amontillado”, en la más importante revista de la época, la «Godey’s Lady’s Book» (dedicada a las mujeres), en Filadelfia.
El final
En 1842, Virginia Clemm había comenzado a manifestar los primeros síntomas de su tuberculosis. A partir de ese momento, el escritor retomó el alcohol debido a la ansiedad que le producía la enfermedad de su esposa. Ella murió el 30 de enero de 1847 y pese a algunos intentos de Poe por recuperarse del dolor que le produjo, incluído un compromiso matrimonial con una novia de su adolescencia, Sarah Elmira Royster, marcado para el 17 de octubre de 1949, exactamente diez días antes el gran escritor romántico murió en Baltimore. Había sido hallado el día 3 en las calles de esa ciudad en estado de delirio, muy angustiado, y necesitado de ayuda inmediata. Fue trasladado por su viejo amigo James E. Snodgrass al «Washington College Hospital», donde falleció el domingo 7 de octubre a las 5 de la madrugada.
Ni siquiera alcanzó a explicar cómo había llegado a dicha situación, ni por qué motivo llevaba ropas que no eran suyas. Antes de morir dijo “Que Dios ayude a mi pobre alma!”.
Tanto los informes médicos, como el certificado de defunción se perdieron. Los periódicos de la época informaron de que la muerte de Poe se debió a una “congestión o inflamación cerebral”, el eufemismo que solía utilizarse para los fallecimientos por motivos más o menos vergonzantes, como el alcoholismo.
Su obra
Según el crítico Andrés Seoane, aunque demasiado vanguardista en su época, Poe tuvo tras su muerte una fortuna de la que no disfrutó en vida: la explosión de una modernidad literaria que con su epicentro en Francia, especialmente en Charles Baudelaire, consagraría posteriormente los géneros que cultivó o inventó, como el terror o el policiaco, y le convertiría en referente de multitud de escritores de variada condición y disciplina.
«Poe inventó géneros, y esos géneros tuvieron la fortuna de caer en terreno fértil», sentenció el filólogo peruano Fernando Iwasaki. «Sus cuentos policiales nos llevan directamente hasta Arthur Conan Doyle, Gilbert Chesterton, Gaston Leroux, George Simenon, y de ellos hasta el auge actual de la novela negra. Y de los cuentos de terror salen Guy de Maupassant, Howard P. Lovecraft y tantos otros; hay toda una genealogía que llega hasta Borges y de él hasta hoy».
La genialidad y la originalidad de Edgar Allan Poe encuentran su mejor expresión en los cuentos, que, según sus propias apreciaciones críticas, son la segunda forma literaria, pues permiten una lectura sin interrupciones, y por tanto la unidad de efecto que resulta imposible en la novela. Considerado uno de los más extraordinarios cuentistas de todos los tiempos, Poe inició la revitalización que experimentaría el género en tiempos modernos.
Fueron publicados en 1840 -como quedó dicho antes- bajo el título «Cuentos de lo grotesco y lo arabesco» («Tales of the Grotesque and Arabesque»), aunque hubo nuevas recopilaciones de narraciones suyas en 1843 y 1845. La mayoría se desarrolla en un ambiente gótico y siniestro, plagado de intervenciones sobrenaturales, y en muchos casos son obras maestras de la literatura de terror. Poe basó su estilo tanto en la atmósfera opresiva que creaba durante el inicio y desarrollo del relato como en los efectos sorpresivos del final.
Así ocurre en el antológico «La caída de la casa Usher» («The Fall of the House of Usher»), cuento sobrenatural o simbolista en el que el narrador asiste a los últimos días de un antiguo amigo suyo, el hipersensible y atormentado aristócrata Rodrigo Usher. Durante su visita fallece la hermana de Usher, que estaba gravemente enferma, y la entierran en una cripta subterránea. Una semana después, en una sobrecogedora escena final, la hermana reaparece para caer sobre el ya delirante Usher, pereciendo ambos y, tras la huida del narrador, la casa se derrumba sobre el estanque. Este cuento, como muchísimos más, fue llevado al cine por un director, Roger Corman, casi especializado en los relatos de Poe, con un talentosísimo actor británico, Vicent Price, que lo acompañó en esos films.
También hay que resaltar los tres cuentos protagonizados por Augusto Dupin, que sentaron las bases de un género destinado a una inmensa popularidad: la literatura policíaca. El primero, «Los crímenes de la calle Morgue» («The Murders in the Rue Morgue»), se ha considerado, con toda razón, como el fundador de la novela de misterio y detectivesca. Dupin es también el protagonista de «El misterio de Marie Rogêt» («The Mystery of Marie Roget») y de «La carta robada» («The Purloined Letter»), piezas clásicas del género por el equilibrio de lógica, suspense y detalles narrativos.
Edgar Allan Poe fue un maestro del terror y además fundador del género policial, pero también también se lo reconoce como precursor de la literatura de ciencia ficción por varios de los relatos contenidos en sus «Narraciones Extraordinarias». Un clásico moderno, un escritor maldito, un hombre atormentado, todas definiciones que caben en la figura de un cuentista y poeta excepcional, cuya influencia llega hasta nuestros días y cuyo talento invita a entrar en su controvertido universo.





















