Imagino el Edén sin fronteras,
los sueños florecen como versos libres;
paraíso perdido en mis pensamientos,
naturaleza que se funde con la esperanza.
Aroma de flores que me envuelve,
colmando los sentidos de pureza y calma;
aves que cantan melodías ancestrales,
acompañan mi andar por este Edén etéreo.
En cada brisa hay susurros de amor,
caricias suaves rozando mi piel;
ríos fluyendo serenos y claros,
armonía que habita este mágico lugar.

Encuentro refugio en árboles milenarios,
abrazo ancestral que me conecta a la tierra;
historias olvidadas en cada hoja,
sabiduría antigua que mece el viento.
Imagino desafío y lucha,
no es sólo un bucólico escenario;
metáfora transgresora e inconformista,
transmitida desde mi interior profundo.
Despierta mi espíritu guerrero en esta utopía perfecta,
percibo rostros desconocidos buscando redención;
me hermano con gentes sin violencia ni codicia,
cambiamos viejos destinos por reconciliación.
Imagino el Edén frágil pero poderoso,
canto rebelde que nos llama a despertar;
no sólo belleza hay aquí, también batalla,
necesidad imperiosa de transformación.
Abriremos las puertas del paraíso prohibido,
desafiaremos los límites que impusieron;
construiremos un nuevo jardín sin fronteras,
con cimientos de libertad y amor.
Y en esa búsqueda infinita de lo inexplorado,
iremos hacia lo desconocido como almas errantes;
imagino el Edén una utopía anhelada,
convertida en asombro por nuestra voluntad.
Por: Irune Altolaguirre



















